Hoy voy a enrrollarme mucho.
Todavía recuerdo cuando en 3º de EGB, una profesora monja que impartía las clases de música (no nombro lo de monja por poner la puntilla, sino por poner la monja) nos hacía una inspección semanal de manos y uñas, para comprobar quien las tenía limpias y quien no y así castigarte. Ni que decir tiene que, como muchas de las cosas surrealistas e ilógicas que ocurren en la infancia, decirle a un niño que tener las manos sucias después del recreo está mal, es como regañarle a un pez por estar todo el día en el agua. Ese año hice novillos todos los jueves, mi inicio en lo que quizá podía haber sido la curiosidad por una carrera musical, se frustró. Por cosas de la antigua educación pública, aprobé música.
Más tarde, después de un intento frustrado y confuso estudiando administración, aprendiendo mecanografía y las complicadas leyes de la adolescencia, decidí dejarlo y estudiar artes y oficios. Allí seguí una estricta doctrina artística, impartida por artistas y rodeado de artistillas que creaban. Me lo pasé bastante bien en aquella época de madurez, cuyos recuerdos están rodeados de cierta neblina en mi mente. Mi problema llegó en 4º curso, cuando harto de aprender de artistas y de estar rodeado de artistillas me di cuenta de que llevaba 4 años haciendo lo mismo, sin avanzar, sin aprender, sino más bien lo que hacía era ir a clase a que el profesor me revisara si sabía dibujar para pasar al siguiente nivel. Me sonaba familiar. Lo admito, para mí desde segundo curso fue una auténtica pérdida de tiempo estar allí, ya había aprendido todo lo que tenía que aprender. Me equivoqué, así que lo dejé. Sorprendentemente, encontré trabajo de creativo y diseñador gráfico.
Avanzaré más rápido. Más recientemente, hará cosa de dos años, en un volunto creativo, escribí con mi limitada literatura un guión, de esas cosas que nacen de la inocencia y la ingenuidad de algo nuevo. En agosto del 2007, una mañana se me encendió la bombilla, y por la tarde, tomando unas tapas con Alex en el Círculo le dije: Voy a grabar Pestañas Asesinas. Así que me enteré, aprendí y comprendí poco a poco los mecanismos y pautas para poder grabar un corto. Luego vino Lujo y Miseria, tía (que sí, ¡sigo con él aunque no lo parezca! la espera merecerá la pena), algún que otro video y spot curioso y ahora el serial de Mrs. Carrington.
En todo este tiempo he hablado con mucha gente del medio, he ido a festivales y he hablado con otros directores, técnicos, críticos, aficionados y gente pro. La gran mayoría coincide en los medios que para hacer algo pro hay una organización concreta, unos métodos y esquemas para el rodaje, que además pasan por unos equipos que valen un pastón (que normalmente, un no pro no tiene) que son incluso difíciles de usar, que permiten dos cosas: una ficha técnica impecable y unos largos y bonitos créditos finales. Además este esquema es muchas veces inamovible, no hacerlo implica una actitud de “mejor no hacerlo”, ser malo, cutre, aficionado… Saben lo que se hace, pero no entienden ni ven lo que no se hace.
Esa es la realidad. Es una pena.
Actualmente no me dedico a esto del cine/audiovisual, y desde que empecé a grabar, me he podido rodear de auténticos pro, gente que sabe lo que hace y lo que no se hace. Después del último rodaje, comprendí que no quiero ni necesito esos mecanismos. Ni equipos carísimos (aunque ayudan), ni pautas (ni siquiera unas normas), ¿menos es mas?… Aquella monja profesora de música me ha perseguido por no asistir a sus clases, se ha disfrazado de artistilla, de cinéfilos, de productores, de artistas de la imagen… Siempre juzgando sin comprender como se ha llegado al final…
Yo me quedo satisfecho con conseguir las cosas lo mejor mis escasos medios me permiten:









Este viernes 13 estreno la serie de Mrs. Carrington, hecha con pocos pero grandes medios, con un pequeño gran equipo y con ganas. He optado por pasar de los mecanismos, y lo peor es que pretendo saltarme esa realidad para llegar a algún sitio con ello… No sé que pasará este año de tantos cambios, pero por suerte o por desgracia, en mi vida siempre la historia se repite…






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