Eventos recientes y procrastinar

Estos días he tenido muchas cosas que contar, pero la astenia primaveral me ha podido, para que os voy a engañar.

El pasado sábado estuvimos en la boda de Sonia y Jose, que parecía que no llegaba nunca después de un año desde su anuncio. Todo estuvo muy bien, la verdad, nos lo pasamos teta y estuvimos allí hasta que nos echaron por pesaos.

Hay sendas fotos de la boda más abajo que he cogido vilmente de los flickr de Grabiel.

La palabra de moda, procrastinar parece que se está convirtiendo en la representación perfecta de la sociedad moderna, o más bien la procrastinación.

Es esa enfermedad que sirve a diario a casi el 100% de la humanidad. La cosa es más o menos así: estoy aburrido, voy a rediseñar mi página, ahora voy a traducir un libro, ahora, no, mejor ahora hago un programita que me baje de Internet todas las letras de Death Metal a mi disco duro en un formato XM… ahora, mejor me compro estos siete libros para aprender “whatever 5.4″ y los pongo sobre la montaña que está junto al televisor, ahí junto a los 7 DVDs que no he visto. Un algo así como: ¡ponte a hacer una cosa nueva, no te preocupes por las otras trescientas también nuevas que te tienen estresado!

Es lo que más define el hecho de “poder y no querer” (sí, lo he dicho bien) que sacude a casi todo el mundo. Hace tiempo atrás, cuando rodábamos pestañas asesinas, Alex y yo hablábamos precisamente de esto, de lo hartos de que todo el mundo tenga miles de ideas y proyectos pero al final todo se quede en agua de borrajas. Yo, que cuando quiero tengo mucha mano izquierda, sé que muchas veces el afrontarse a un reto es una tarea titánica que en muchos casos nos intimida y nos acobarda ante el reto y sobre todo ante la el sentimiento de fracaso al respecto.

Ahora mismo, en un puro evento de no-proscratinación, y ante la decisión que me atormentaba, he decidido volverme un poco más loco de la cuenta y este año rodar no uno, sino dos cortos. Veremos si lo cumplo, o caigo pasto de la procrastinación.