Vuelta a Tokyo

Published on

Después de una semana fuera de Tokyo recorriendo Japón más o menos con el Rail Pass, volví a la urbe, con sus neones sus pelos escaldaos y el reino de la moda unisex.
Odaiba, o el primer día que pasé miedo.
Hoy como de primeras no tenía nada que hacer (sí, a no ser que sea buscar nuevos sitios de compras, suena surrealista contando que estoy en Tokyo, la verdad). Bueno, como decía, me fui temprano a Odaiba. Es una isla pegada a la costa de Tokyo en la que sólo hay sitios de ocio básicamente, y la gente se va allí a pasar el día yendo de aquí para allá, comprando, jugando, viendo cosas, etc. Allí también está el edificio de Fuji TV, la responsable de muchas series clásicas en japón y fuera de ella (One piece es la última que están produciendo). Es algo así como la televisión española pero japonesa. El camino hasta allí es precioso, pero a mi personalmente me acojonó. Fue el primer susto del día. Hasta allí se llega en un monorrail… Para los que no lo sepáis, un monorrail va en un sólo raíl colocado en el centro del tren, así que cuando vas en él y miras por la ventana, sólo ves la calle, como si “volaras” por el aire. Yo listo de mí, me pillé el mejor asiento junto a la ventana, y cuando ví el tren volar sobre los edificios a una altura de un cuarto piso, la verdad es que me dio un vértigo de no te menees. Para colmo se mueve bastante, y cuando curva se tuerce, así que el primer trayecto fue tan agónico que se me pasó la estación. Pero en cuanto el monorrail empezo a volar sobre el mar, y sobre los barcos, mi miedo se transformó en sorpresa, y me fui hasta la penúltima estación, antes de llegar al aeropuerto de Haneda, y luego volví hacia atrás para ir a donde yo iba a ir, a Odaiba.

フィデル

Creative