Temblad, llega la semana santa. Normalmente es una fecha alegre, por que unos, tienen sus ansiados pasos, y otros, tenemos unos días de descanso que nos vienen muy bien. A mi realmente me disloca en exceso. Principalmente por el caos en el que se sume la ciudad. Autobuses cambiados y retrasados, tiendas cerradas, peloteras de gente por todos lados, en casi peor que en navidad (al menos en navidad, las tiendas no duermen).
Mis amigos religiosos desaparecen durante la semana santa. Todo el día de aquí para allá. Unos van de procesión en procesión parándose en cualquier bar y los que más hasta siguen estrictas reglas de no ver ni la tele ni la radio, comer sólo lo mandado y sufrir como las fechas que son. A mi personalmente, estos últimos, son los que más respeto. Si eres devoto y creyente, así es como realmente se demuestra.
Al menos este año, con la polémica de la cofradía universitaria, se ha destapado la sombra mafiosa que hay tras las ellas, a las que ni pertenezco, ni conozco, ni me interesa conocer. Ya en otro post hablaré de la iglesia que es más largo… Sí, soy muy radical, pero los últimos años, en los que la iglesia no ha hecho más que tocar las narices al personal, y más concretamente a los homosexuales (sí, incluidos todos esos que están en cofradías y ayudan desde maquillar a la virgen hasta llevar el paso) con su estúpida idea del amor y la pareja, y han hecho que ignore mucho más un mundo tan popular. Y digo popular porque 4 de cada 10 personas que conozco están involucradas en él.
Por eso, esta semana santa, no me va a pillar desprevenido, y voy a organizarme un retiro de estos días de rancio folklore y con olor a incienso que inunda la ciudad, para irme a la playa, estar con los amigos encerrados jugando a lo que se pueda… En resumen, alejándome lo más posible de los pasos y las aglomeraciones, algo, que en Granada, es casi una odisea.

