El otro día, hablando con unos amigos, salió el tema de lo fantásticomaravillosoygenial que es Japón y de como su cultura, gente y esquema social son ideales ideales. Esto, sorprendentemente, se lo he escuchado a muchísimagente, la mayoría, gente relacionada con el mundo del Manga y visitantes asiduos de Friky-Friky. Yo tampoco es que sea un erudito en lo que la sociedad japonesa se refiere, pero de gente que tiene más conocimiento de la misma, por lo que ví en su día allí, y lo que he “sentido” al hablar con japoneses en España, la verdad, de paraiso, tiene poco.
Desde hace unas semanas, Japón aparece más en las noticias, y se deja entreveer al mundo entero, como funciona esta sociedad.
El país Nipón, sin duda, es lo más en tecnología, diseño y civismo. Eso está presente en todos lados. Las calles están impolutas, los recursos para algo simple se disparan y el detalle está cuidado al máximo. Todo es ultra-correcto, todo el mundo hace lo que hay que hacer, sin molestar a nadie, ni a tu vecino, ni a tu amigo, ni al desconocido que está esperando en la cola para entrar al metro y todo funciona a la perfección. Hay muchos problemas con el exceso de trabajo, con la prostitución infantil, con los tocaculos en los trenes, con los yakuza, las violaciones, con los suicidios por poner algunos ejemplos. Y nadie dice nada, nadie hace nada, simplemente hacen como si no pasara nada, como si fuera normal. En esta normalidad, también están el machismo, la homofobia, el racismo y otros términos a cada cual más desagradable. Claro que con el esquema social, como se representan es alto totalmente diferente.
La homosexualidad, por ejemplo, es algo totalmente marginal y tratado como una nota bufonera más que otra cosa. Todos conocemos a HardGay, ese personaje televisivo que se viste de cuero y hace el payasete en la tele Japonesa. La gente se escandalizó cuando se dió a conocer que se casaba con una chica y se reconoció que no era gay. No por el hecho de que NO fuera gay, sino por que no entendían que hacia un tio normal hiciera el marica y el payaso. Es sorprendente en un país en el que los “tíos” van más producidos que las chicas. Por supuesto de derechos para las parejas gays, ni uno, ni siquiera el de besarse en público, y si a alguien no le gustan los gays, no le va a gritar “maricón” en plena calle, más bien, educadamente y respetuosamente, para no molestar a los demás te dirá que te vayas del local, que no haces lo correcto, o que quizá necesites una mujer, aunque luego se ría contigo e incluso te invite al karaoke. ¿Mola no?… Pues no.
La diferencia entre hombres y mujeres tampoco ha cambiado mucho a lo largo del tiempo. Como nota, una noticia reciente, en la que Hakuo Yanagisawa, ministro de Sanidad de Japón, tubo que pedir disculpas (con miles de reverencias incluidas, claro) por decir a las mujeres que se convirtieran en “máquinas de parir” ante la escasa natalidad. Como si Japón estuviera despoblao. El machismo existente es el más peligroso, es el que aplican tanto hombres como mujeres. Lo matrimonios por conveniencia siguen existiendo por todo Japón. Estos matrimonios, las mujeres de la casa se casan con quien el padre diga, más que nada por intereses de la familia o económicos. Es así de fácil y cruel. De la misma forma, serás las mujeres tienen sus propios vagones de metro, donde los tocaculos, los pirados y los que aprovechan el espacio pequeño para hacerte mil cosas, no podrán tocarte. No hace falta irse a pequeños pueblos japoneses para verlo, está presente en todos sitios. Si habéis visto alguna serie actual, os daréis cuenta de lo que digo. Allí hay que ser sumisa, respetuosa, obediente y condescendiente con tu familia, marido, amigos, padres, novio, o cualquier persona (normalmente, del género masculino) que está por encima de tí. Ojo al dato, el que está por encima de tí. La mujer está para servir a los cabeza de familia o en su defecto, a su hijo primero, que será la futura cabeza de familia.
Hay muchas más cosas, pero no quiero explayarme más; la caza indiscriminada de ballenas (estando en peligro de extinción) para supuestas investigaciones médicas (y es mentira cochina, es para comérselas), la no-vida de un japonés medio, donde las horas extras son el pan nuestro de cada día, el indiferencia de los japoneses ante cualquier tema social importante…
Yo me he sentido muy seguro en Japón, en sus inmaculadas calles, y sus maravillosos lugares, pero también he sido consciente que la fachada, esconde una doble moral realmente espeluznante, y una realidad social muy tercermundista, donde la libertad es una asignatura suspendida con un cero. Cero patatero.